diumenge, 11 d’abril del 2010

Castigo

Se sentó al sol, rodeada de cortinas de ropa recien lavada, dejándose embriagar y adormecer por el ligero olor a suavizante que flotaba en el aire.
Pasaron horas,sentía la ropa, el pelo,la piel ardiendo. Sentía como la sed se apoderaba de ella, como el sudor perlaba su pecho, su frente. Pero no se levantó; se lo tomó como una penitencia por haber sido estúpida y caprichosa. Por consentirse a si misma el pensar. Y así dejó que pasaran las horas, hasta que la encontraron.

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