El leer los viejos sentimientos,ilusiones e ideas que yo misma reflejé en este lugar hace tiempo me ha hecho darme cuenta de algo. Y es que cosas que esperaba con ilusión e incluso con ansia, han acabado decepcionándome. Que el dolor, todo y haber pasado incluso más de dos años desde algunas entradas, se ha hecho más llevadero, más fluído...pero no por eso menos intenso ni apuñalador (como yo creía que iba a ser), siendo todo mil veces más doloroso y frustrante.
Me he dado cuenta de que he apagado algunas de las voces de mi cabeza, pero que al mismo tiempo se han alzado otras (o puede que solo estuviesen dormidas...) con más fuerza aún.
Que el amor puede ser todo lo que tú quieras que sea, no lo que tú imaginación decida. Que hay que dejar que tu corazón cace, pero sin dejar que acabe herido.
Y sobretodo que, pase el tiempo que pase, sean cuales sean las canciones que me inspiren y me torturen en esos momentos, el vacío jamás desaparecerá. Que la locura pasajera, las ganas de desaparecer literalmente, el odio y el asco hacia noséelqué que tengo dentro y las horribles ganas de sacarlo fuera de mi no me abandonarán nunca. Por mucho que lo deseé con toda mi alma.
dijous, 24 de novembre del 2011
dimecres, 23 de novembre del 2011
dissabte, 19 de novembre del 2011
Crack in the sky
- Dame la mano.
Se agarró fuertemente a él y subió con mucho cuidado la empinada ladera. Una vez arriba, tuvo que poner mucho atención a no resbalar, ya que todo estaba helado.
Curiosamente, no hacía ni una gota de frío.
- Qué ves? -dijo él.
- Aquí no hay nada.
Y es que durante los primeros instantes después de haber escalado la pequeña pared de la montaña, la chica no vio absolutamente nada. Unas espesas nubes blancas los cubrían todo, como una mullida manta aterciopelada que curiosamente le recordó a la escarcha que se forma encima de los coches cuando ha helado la noche anterior.
- Espera...-dijo la chica mirando más meticulosamente - ahí hay algo.
La capa de nubes empezó a disolverse, haciéndose un enorme agujero en el cielo repleto de nubes. Las corrientes parecían llevarse los nubarrones, dejando entrever lo que era un valle tan profundo que desde esa distancia parecía de color negro. Le impuso una sensación de impenetrabilidad.
- Hay un valle - dijo ahora segura la chica - pero no puedo ver más, está muy lejos.
- Acércalo entonces -contestó el chico,mirándola con una sonrisa.
El chico estiró los dedos índice y pulgar de la mano derecha y, mientras los iba acercando el uno contra el otro, el valle se fue acercando más y más, quedando ahora sí en una posición perfecta para que la chica pudiese contemplarlo.
-Así está bien? -preguntó el chico
Ella asintió.Era un valle verde esmeralda, repleto de riachuelos cristalinos que recorrían toda la superficie. El crepúsculo se acercaba, así que una dorada,lánguida y casi mágica luz iluminaba de manera tenue toda la hondonada que quedaba en la parte norte.
-Puedes acercarlo más? Necesito ver más. -preguntó la chica.
-Sírvete tú misma - volvió a responder sonriendo. No podía dejar de mirarla, curioso.
La chica le imitó y, juntando los dedos poco a poco, el precioso valle se acercó hasta que quedo a poca distancia de ella. Parecía una preciosa miniatura hecha realidad.
Al ver lo que había dentro del valle, la chica soltó un suspiro, tranquila. No podía esperar nada más, todo era perfecto.
-Qué ves? - preguntó el chico lleno de curiosidad.
-Es que no lo ves? -dijo ella sin poder apartar la vista del magnífico valle.- No ves todo lo que hay dentro de la pradera?
-No. Este será tu cielo, no el mío. Tan solo tú puedes verlo.
Entonces la chica,después de unos segundos valorando esa información, le sonrió pícara y le tendió una mano, indicándole que le ayudara a bajar. El chico suspiró resignado, sabiendo que ella no le confesaría que acababa de ver. Ella, totalmente sosegada después de la gran revelación, bajó de la ladera con serenidad, no sin antes darle un último vistazo a lo que le esperaba dentro de unos años.
Esta vez, sonrió de felicidad.
Se agarró fuertemente a él y subió con mucho cuidado la empinada ladera. Una vez arriba, tuvo que poner mucho atención a no resbalar, ya que todo estaba helado.
Curiosamente, no hacía ni una gota de frío.
- Qué ves? -dijo él.
- Aquí no hay nada.
Y es que durante los primeros instantes después de haber escalado la pequeña pared de la montaña, la chica no vio absolutamente nada. Unas espesas nubes blancas los cubrían todo, como una mullida manta aterciopelada que curiosamente le recordó a la escarcha que se forma encima de los coches cuando ha helado la noche anterior.
- Espera...-dijo la chica mirando más meticulosamente - ahí hay algo.
La capa de nubes empezó a disolverse, haciéndose un enorme agujero en el cielo repleto de nubes. Las corrientes parecían llevarse los nubarrones, dejando entrever lo que era un valle tan profundo que desde esa distancia parecía de color negro. Le impuso una sensación de impenetrabilidad.
- Hay un valle - dijo ahora segura la chica - pero no puedo ver más, está muy lejos.
- Acércalo entonces -contestó el chico,mirándola con una sonrisa.
El chico estiró los dedos índice y pulgar de la mano derecha y, mientras los iba acercando el uno contra el otro, el valle se fue acercando más y más, quedando ahora sí en una posición perfecta para que la chica pudiese contemplarlo.
-Así está bien? -preguntó el chico
Ella asintió.Era un valle verde esmeralda, repleto de riachuelos cristalinos que recorrían toda la superficie. El crepúsculo se acercaba, así que una dorada,lánguida y casi mágica luz iluminaba de manera tenue toda la hondonada que quedaba en la parte norte.
-Puedes acercarlo más? Necesito ver más. -preguntó la chica.
-Sírvete tú misma - volvió a responder sonriendo. No podía dejar de mirarla, curioso.
La chica le imitó y, juntando los dedos poco a poco, el precioso valle se acercó hasta que quedo a poca distancia de ella. Parecía una preciosa miniatura hecha realidad.
Al ver lo que había dentro del valle, la chica soltó un suspiro, tranquila. No podía esperar nada más, todo era perfecto.
-Qué ves? - preguntó el chico lleno de curiosidad.
-Es que no lo ves? -dijo ella sin poder apartar la vista del magnífico valle.- No ves todo lo que hay dentro de la pradera?
-No. Este será tu cielo, no el mío. Tan solo tú puedes verlo.
Entonces la chica,después de unos segundos valorando esa información, le sonrió pícara y le tendió una mano, indicándole que le ayudara a bajar. El chico suspiró resignado, sabiendo que ella no le confesaría que acababa de ver. Ella, totalmente sosegada después de la gran revelación, bajó de la ladera con serenidad, no sin antes darle un último vistazo a lo que le esperaba dentro de unos años.
Esta vez, sonrió de felicidad.
dilluns, 14 de novembre del 2011
dijous, 10 de novembre del 2011
diumenge, 6 de novembre del 2011
Time to change
Notas que estás cambiando cuando las simples cosas que antes te bastaban ahora ya no son suficientes.
divendres, 4 de novembre del 2011
Lucha de gigantes
Un duelo salvaje advierte
Lo cerca que ando de entrar
En un mundo descomunal
Siento mi fragilidad
Vaya pesadilla corriendo
Con una bestia detras
Dime que es mentira todo
Un sueño tonto y no más
Me da miedo la enormidad
Donde nadie oye mi voz
Deja de engañar
No quieras ocultar
Que has pasado sin tropezar
Monstruo de papel
No se contra quien voy
O es que acaso hay alguien más aquí
Creo en los fantasmas
Terribles
De algun extraño lugar
Y en mis tonterias para
Hacer tu risa estallar
dimecres, 2 de novembre del 2011
If today was your last day (I)
Al abrir los ojos, envuelta en sus cálidas y confortables almohadas, supo que ese sería su último día. No fue un presentimiento, no fue un sueño ni una alucinación. Simplemente supo que antes de que la luna llegara a su plenitud ella habría desaparecido.
Curiosamente no le entró el pánico, ningún miedo cruzó su mente. Se quedó unos minutos más reflexionando, calentita dentro de su enorme cama, siempre vacía, disfrutando de esa única sensación de pensar que aún puedes estar en la cama unos minutos más.
Respiró profundamente y se levantó. Se ducho, se arregló y se preparó tostadas mientras se hacía un café bien cargado. La luz de la ventana, aún empañada por la lluvia de la noche anterior,hacía que su pelo rojizo brillara de forma peculiar, dándole a toda la habitación un reflejo cálido. Sonrió mientras observaba nada.
Cogió el coche y de camino escuchó por última vez una de sus canciones favoritas. La nostalgia la invadió y la cambió,poniendo esta vez Born to be wild, que le subió los ánimos, como siempre.
Cuando llegó al destino, después de más media hora al volante, se acobardó. Iba a morir, lo sabía desde que había abierto los ojos y no había sentido miedo. En cambio ahora, al plantarse enfrente de su puerta, le temblaban las piernas. Pero cuando pensó que solo le quedaban unas pocas horas y que las estaba desperdiciando viendo la lluvia caer, se decidió y cerró el coche de un portazo, como si eso fuese a darle más valor.
Le abrió la puerta desorientado,con un horrible pijama verde y el pelo completamente alborotado. Pero le dio absolutamente igual. Sin contenerse se abalanzó sobre él, buscando sus labios mientras cerraba detrás de si la puerta. Él la apartó y la miró confuso, pero él jamás había sido capaz de apartarla de su lado, todo lo contrario, así que las ganas pudieron más que la razón y empezaron a subir escaleras arriba hasta llegar a su habitación. Olía a lluvia y a sueños atormentados y ella, sin aún mediar palabra, empezó a desvestirle sin apartar los ojos de los suyos.
- Dime que es mentira. -dijo él. - Dime que estoy soñando y que tú sigues teniendo miedo a quererme.
Ella no contestó, y mientras se tumbada encima de él, los dos completamente desnudos, sintiendo el ardor de la piel a través del otro, le besó.
- Puedo sentir el latido de tu corazón. Pero aún sigue estando envuelto en un muro de hormigón. -continuó él mientras le pasaba el dedo por toda la espalda. - No puedo tocarlo.
- Ni siquiera yo soy capaz de llegar a él.
La danza duró horas. Fuertemente apretados el uno con el otro, recorriendo cada parte del cuerpo como si fuera la primera vez. Se volvieron a aprender cada curva, cada milímetro de piel de sus cuerpos mientras yacían de mil maneras, el uno dentro del otro. Cada vez que él entraba dentro de ella, ella se perdía en la inmensidad de sus ojos, temblando sin remedio. Todo era frágil, efímero, eterno, lleno de dolor y de falsa esperanza por parte de él, lleno de nostalgia y amor finalmente reconocido por parte de ella. En el momento de llegar, cuando más cerca estaban del éxtasis, él puso la cabeza contra su pecho, escuchando como se le aceleraba el corazón con cada una de las embestidas que la harían llegar a lo más alto, juntos. Al terminar se quedaron quietos, él aún dentro de ella, saboreando el estado de relajación que habían alcanzado su cuerpos.
Hablaron durante horas,él reprochó y ella, frágil como nunca se habia mostrado,comprendió la enormidad de lo que se había perdido, de lo que había derrochado por miedo. Le resbalaron lágrimas por la mejilla de puro arrepentimiento y él las recogió lleno de alivio y esperanza renovada.
Entonces ella miró el reloj y vio que su día había expirado. Eran las siete y media de la tarde y en una hora aproximadamente la luna ya los iluminaria.
- Mírame. -dijo ella.
Él se sentó en la cama con las piernas cruzadas y ella, enfrente, le acarició la mejilla.
-Todo lo que he dicho, o mejor, lo que no he dicho, olvídalo. - continuó ella - Cada vez que te he pedido que te apartaras de mi, cada vez que he huido de tu calor, de tu dulzura, de tu amor, olvídalo. Porqué hoy, ahora, te digo que el miedo no será el que me impedirá pasar el resto de mi vida a tu lado.
Y así, aún con esa promesa que tanto miedo le había dado siempre pronunciar en los labios, cogió sus cosas y, después de prometerle que al día siguiente empezarían sus vidas por fin, ella se marchó.
Al llegar a casa se preparó un té y cogió su libro favorito, ojeó sus cinco frases preferidas y, cuando más tranquila y agusto se encontraba, sus ojos se cerraron solos para siempre. Así dejó atrás su último día en la tierra, dejando atrás los meses que el miedo no le había permitido aprovechar, dejando atrás posibilidades y sueños. Eso sí, se había ido segura y con la conciencia tranquila.
Curiosamente no le entró el pánico, ningún miedo cruzó su mente. Se quedó unos minutos más reflexionando, calentita dentro de su enorme cama, siempre vacía, disfrutando de esa única sensación de pensar que aún puedes estar en la cama unos minutos más.
Respiró profundamente y se levantó. Se ducho, se arregló y se preparó tostadas mientras se hacía un café bien cargado. La luz de la ventana, aún empañada por la lluvia de la noche anterior,hacía que su pelo rojizo brillara de forma peculiar, dándole a toda la habitación un reflejo cálido. Sonrió mientras observaba nada.
Cogió el coche y de camino escuchó por última vez una de sus canciones favoritas. La nostalgia la invadió y la cambió,poniendo esta vez Born to be wild, que le subió los ánimos, como siempre.
Cuando llegó al destino, después de más media hora al volante, se acobardó. Iba a morir, lo sabía desde que había abierto los ojos y no había sentido miedo. En cambio ahora, al plantarse enfrente de su puerta, le temblaban las piernas. Pero cuando pensó que solo le quedaban unas pocas horas y que las estaba desperdiciando viendo la lluvia caer, se decidió y cerró el coche de un portazo, como si eso fuese a darle más valor.
Le abrió la puerta desorientado,con un horrible pijama verde y el pelo completamente alborotado. Pero le dio absolutamente igual. Sin contenerse se abalanzó sobre él, buscando sus labios mientras cerraba detrás de si la puerta. Él la apartó y la miró confuso, pero él jamás había sido capaz de apartarla de su lado, todo lo contrario, así que las ganas pudieron más que la razón y empezaron a subir escaleras arriba hasta llegar a su habitación. Olía a lluvia y a sueños atormentados y ella, sin aún mediar palabra, empezó a desvestirle sin apartar los ojos de los suyos.
- Dime que es mentira. -dijo él. - Dime que estoy soñando y que tú sigues teniendo miedo a quererme.
Ella no contestó, y mientras se tumbada encima de él, los dos completamente desnudos, sintiendo el ardor de la piel a través del otro, le besó.
- Puedo sentir el latido de tu corazón. Pero aún sigue estando envuelto en un muro de hormigón. -continuó él mientras le pasaba el dedo por toda la espalda. - No puedo tocarlo.
- Ni siquiera yo soy capaz de llegar a él.
La danza duró horas. Fuertemente apretados el uno con el otro, recorriendo cada parte del cuerpo como si fuera la primera vez. Se volvieron a aprender cada curva, cada milímetro de piel de sus cuerpos mientras yacían de mil maneras, el uno dentro del otro. Cada vez que él entraba dentro de ella, ella se perdía en la inmensidad de sus ojos, temblando sin remedio. Todo era frágil, efímero, eterno, lleno de dolor y de falsa esperanza por parte de él, lleno de nostalgia y amor finalmente reconocido por parte de ella. En el momento de llegar, cuando más cerca estaban del éxtasis, él puso la cabeza contra su pecho, escuchando como se le aceleraba el corazón con cada una de las embestidas que la harían llegar a lo más alto, juntos. Al terminar se quedaron quietos, él aún dentro de ella, saboreando el estado de relajación que habían alcanzado su cuerpos.
Hablaron durante horas,él reprochó y ella, frágil como nunca se habia mostrado,comprendió la enormidad de lo que se había perdido, de lo que había derrochado por miedo. Le resbalaron lágrimas por la mejilla de puro arrepentimiento y él las recogió lleno de alivio y esperanza renovada.
Entonces ella miró el reloj y vio que su día había expirado. Eran las siete y media de la tarde y en una hora aproximadamente la luna ya los iluminaria.
- Mírame. -dijo ella.
Él se sentó en la cama con las piernas cruzadas y ella, enfrente, le acarició la mejilla.
-Todo lo que he dicho, o mejor, lo que no he dicho, olvídalo. - continuó ella - Cada vez que te he pedido que te apartaras de mi, cada vez que he huido de tu calor, de tu dulzura, de tu amor, olvídalo. Porqué hoy, ahora, te digo que el miedo no será el que me impedirá pasar el resto de mi vida a tu lado.
Y así, aún con esa promesa que tanto miedo le había dado siempre pronunciar en los labios, cogió sus cosas y, después de prometerle que al día siguiente empezarían sus vidas por fin, ella se marchó.
Al llegar a casa se preparó un té y cogió su libro favorito, ojeó sus cinco frases preferidas y, cuando más tranquila y agusto se encontraba, sus ojos se cerraron solos para siempre. Así dejó atrás su último día en la tierra, dejando atrás los meses que el miedo no le había permitido aprovechar, dejando atrás posibilidades y sueños. Eso sí, se había ido segura y con la conciencia tranquila.
dimarts, 1 de novembre del 2011
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