dilluns, 5 d’abril del 2010

Águila III

Llevaba casi tres meses en su forma animal, en ese estado primitivo que le permitía no agonizar. Había visto tantas cosas...se había encontrado en situaciones que nunca hubiese imaginado. No podía quejarse, la verdad, todo había ido rodado. Había tenido tiempo suficiente para reflexionar, para extender todas sus dudas y examinarlas una a una, pero sobretodo para eliminar muchas impurezas que se habían atascado en su corazón. Aún así, todo y haber encontrado mucha paz, haber sentido tranquilidad y sosiego en medio de las montañas, de haber contemplado la luna desde todas las perspectivas posibles...todo y eso seguía teniendo mil y una preguntas en la mente.
Le dolían las alas de tanto batirlas, hacía 4 días que apenas descansaba, tan solo comía lo poco que solía cazar... Ella siempre con su compasión por los animales...
Eso era todo? Sentir el potente viento entre sus plumas? Sí, claro que le ayudaba a dejar la mente en blanco, pocas cosas podían herirla en esos momentos, la verdad...
Ya hacía días que algo se había despertado en su interior, un pequeño "click" que había acabado sonando con el tiempo entre las nubes.
Se había cansado de la tranquilidad de la bruma? De las tormentas implacables? De las estrellas llamando su nombre? No,no era eso. Tan solo había finalizado una etapa, algo había acabado y se sentía lista para al menos intentar algo nuevo.
Viró a la derecha, movida por su fiel instinto,sintiendo que antes de abandonarlo todo debía acabar algo. Vio, a unos 800 metros, el comienzo de una pequeña ciudad y, sin dudarlo, empezó a volar rápidamente hacia ella.
Ya allí,empezó a sobrevolarlo todo,sin saber que le provocaba esa emoción,esa sensación de que algo le esperaba,tan solo sabía que tenía que llegar a alguna parte. Y de pronto, en medio de una calle bastante céntrica, visualizó una pequeña cafetería enmarcada por una cartel verde oliva. No supo que la hizo reaccionar así, solamente supo que debía pararse y entrar.
Se metió en un oscuro callejón y se transformó. Sabiendo que Él estaría allí para ayudarla, miró a su alrededor y encontró una bolsa de papel con un vestido de lino blanco que le ayudó a cubrir su cuerpo desnudo.
Salió a la calle, sintiéndose extraña dentro de ese cuerpo humano,incluso sentía que andaba diferente. Llegada ya a la cafetería,leyó el rótulo, que rezaba The Black Rose y respiró con fuerza abriendo la puerta, aún nerviosa sin saber porqué, y entró.
Era una cafetería grande,con una luz baja que dejaba jugar a las sombras. Las paredes estaban cubiertas de paneles de madera oscura y había mesas bajas por todas partes,rodeadas de pequeñas butacas. De fondo sonaba suavemente Who says, de John Mayer.Le encantó.
Como no sabía que debía hacer cerró los ojos y, inspirando profundamente, dejó que esa extraña emoción le embriagara. Fue entonces cuando algo se movió en su corazón y le guió hacía su izquierda. Abrió los ojos de repente, viendo por primera vez al muchacho que estaba sentado en un taburete delante de la barra. Levaba puesta una sudadera negra con un extraño símbolo gris en la espalda y unos tejanos rotos. Le miró de reojo cuando se sentó a su lado, pero pareció ignorarla del todo, centrándose en su taza de café. Ella supo que tenía que actuar, y sin dudar, así lo hizo.

- Hola. - dijo.

Él la volvió a mirar de reojo, pero algo en los ojos de ella le atrapó.

- Hola. -contestó el chico, casi sin mirarla.

- Puedo preguntar como te llamas?

- Creo que ya lo has hecho,no? - se limitó a decir.

Al ver que la chica no respondía nada él suspiró,cansado.

- Me llamo Lucas. - confesó.

- Ahá. - sonrió ella - Y,que es lo que te atormenta,Lucas?

El chico se giró del todo hacia ella, entrecerrando los ojos.

- Perdona?

- Pues eso, qué es lo que hay dentro de tu cabeza que te atormenta?

- Se puede saber quien eres? O pretendes que saque a la luz mis trapos sucios con una loca desconocida? Además, por qué debería estar atormentado ,eh?

- Crees que estoy loca? -observó ella- Es algo que gente como yo simplemente olemos a distancia.

Lucas calló, aturdido por la confianza que destilaba la joven chica.

- Qué quieres? - susurró.

- No quiero nada, tan solo saber que es lo que te pasa.

- Y tú como sabes que me pasa algo? - rió él, ya exasperado.

- Pues porqué yo también he sentido exactamente lo mismo que sientes en estos momentos.

- Ah si? -dijo irónico - Y qué es lo que siento,si se puede saber?

- Confusión,rabia, desengaño, ganas de todo, ganas de nada... - no sabía por qué estaba diciendo eso, pero sabía que era cien por cien verdad.

- Hombre...Tengo 21 años, estoy un miércoles a las 12 del mediodía en una cafetería, totalmente solo, sin un duro en el bolsillo y con una chica aparecida de la nada que no sé que intenta. Tus conclusiones eran muy predecibles.

- Mmmm. Puede que sí pero, me equivoco?

- Va más allá de todo eso.- dijo bajando la vista.

- Lo sé.

- Lo sabes?

- Ya te he dicho que también lo he sentido.

- Y ya no lo sientes? -dijo él, que ya parecía más confiado.

- Bueno...No es que ya no lo sienta, es que ya no tengo porqué sentirlo.

- Y que quieres de mi? Dímelo.

- Ayudarte, o si más no, darte una vía de escape.

- Y como ibas a hacer eso?

- Déjame ver...si pudieras ser un animal, cualquiera, y poder escapar por una temporada de todos tus problemas, de todos los dolores de cabeza, de todos los gritos...Cual seria?

- Mmmm...Seria una pantera negra; las adoro.

- Interesante. Bueno, aquí llega la parte complicada. Si te digo que puedo conseguirlo, que puedo hacer que cuando tu desees puedas convertirte en una pantera, y huir de todo...Me creerías?

El muchacho empezó a reírse, soltando una gran carcajada.

- Esto es de lo que vas? Drogas y ese royo? - dijo moviendo la cabeza.

- No creo que ninguna droga pueda superar esa sensación.

- Qué sensación?

- Esperanza, vida, aire, pero sobretodo libertad.

- Y que ganarías tú dándome este "regalo"? - puntualizó.

- Tan solo he acabado aquí, y dejandome guiar por mi instinto he venido a parar aquí. Nada más. -se sinceró.

- Está bien,va. Que debo hacer.

- Tú nada, déjame a mi. Cierra los ojos.

El chico le obedeció, suspirando mientras bajaba lentamente sus párpados, aún sin saber que estaba haciendo, ni porqué esa loca le había inspirado confianza.
Entonces ella puso la mano sobre su mejilla, dándole todo su calor y, acercándose a él muy lentamente, le besó. Le besó con una ternura desconocida para él, sintiendo de pronto como una nube de vapor dulce le cubría todos los sentidos.
Y así, con ese acto, la chica dejó atrás esa vía de escape que tan preciada había sido para ella, sabiendo que de ahí en adelante sería capaz de pisar fuerte, igual que sabía que un tiempo después Lucas también lo sería.

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