dimecres, 17 d’agost del 2011

Perdóname

He oído que estás casada, que has encontrado la felicidad verdadera.  He oído que por fin te has decidido a hacer paracaidismo y que te ha gustado tanto, que has decidido sacarte el título. También he oído que has pintado la casa de diferentes tonalidades de amarillo, como siempre habías querido. Me alegro que el color de los enamorados te acompañe cada vez que llegas a tu hogar. Que cada vez que mires esas cálidas paredes, todo el amor que yo no supe darte venga y se mezcle dentro de tu aún más cálido corazón.
He oído que el día de tu boda no existía princesa más elegante y delicada que tú.
Perdóname, por favor, por todas las veces que no supe decirte lo que me ocurría, pero perdóname más por no saber apartarme de ti antes de herirte tan profundamente como lo hice.
Perdóname por no darte besos de buenos días aún sabiendo que eran tus preferidos, y perdóname por cada sonrisa que conseguí robarte; ahora me doy cuenta de que no debieron pertenecerme.
Pero todo y las malas caras, todo y las noches en vela, en silencio, sin absolutamente nada que decirnos, todo y eso, tuvimos nuestros días de gloria. Tuvimos largos paseos con nuestras manos unidas dentro de mi abrigo, tu sin poder dejar de parlotear y yo sin poder evitar mirarte y absorver toda tu belleza. Recuerdas la pelea de bolas de nieve? Lo recuerdo como uno de los días más felices de mi vida. Tenías el pelo cubierto de motas de nieve que se caían y derretían en tu bufanda roja.
Perdóname por no haber querido soltarme. Nunca fui espontáneo o divertido, nunca fui de los que te roban un beso cuando menos lo esperas para poder notar tu sonrisa. Nunca me solté por miedo a ser como los demás, por miedo a ser un pretendiente más. Sé que te perdí por no ser yo mismo.
Perdóname por no haberte acariciado ni abrazado todas las veces que merecías, por no haberte hecho sentir tan especial como realmente eres.
Perdóname por haber visto que tenía un ángel entre mis manos y preferir que saliese volando.

He oído que tu nuevo marido es fantástico, que tiene un todoterreno como los que siempre me señalabas y que te lleva a la montaña cada fin de semana.  He oído que te saca a bailar y que cada Navidad te lleva de viaje para empezar el año en una ciudad distinta.
También he oído que de casi cada viaje volvías con un brazo o una costilla rota. He oído que durante meses tus gritos se oían a dos manzanas a la redonda y que nunca aceptaste ayuda.
He oído que nadie de tu familia se enteró porqué tú jamás les hubieses preocupado por algo referente a ti. He oído que no lo supo nadie hasta que decidiste colgar esa cuerda del techo mientras tu marido viajaba. He oído que te encontró la vecina dos días después, preocupada porqué no te veía salir de casa.

He oído que preferiste callar y sufrir antes que hacerte oír.

diumenge, 14 d’agost del 2011

Again

Guarra.

dissabte, 13 d’agost del 2011

Dreams (321983492384)

Me cortaba las venas. Sí, me cortaba las venas mientras él estaba en la ducha.

divendres, 5 d’agost del 2011

Vida

De qué me sirve seguir aquí amarrada, si me has demostrado que cada vez que me he relajado me has apuñalado por la espalda? De qué me sirve confiar y tratar de olvidar todo lo que me has hecho vivir,de intentar ser feliz, si cuando más fuerte he luchado ha sido cuando más fuerte me has empujado contra el suelo?

No he tenido la mejor de las actitudes. Nunca la he tenido. He escondido y barrido bajo la alfombra cualquier cosa que pudiese entorpecer mi día a día. He colocado parches de alegría encima de heridas que ahora se han podrido por la humedad. He agachado la cabeza debajo del ala cada vez que he tenido que responder ante ciertas emociones. Pero todo esto ha sido porque me he sentido siempre tremendamente sola. Sola con amigos, con novios, con la música, con la danza, con la rítmica, en casa, de viaje, escribiendo, leyendo, durmiendo. Eso sí, sin entender nunca el porqué. Sin entender la razón por la cual cualquier situación, incluso la más alegre, tenia para mi un regusto amargo. Que aunque pasara la mejor de las noches, yo me iba a dormir con una espina incongruente clavada que me hacía dormir intranquila. Sin entender porqué a veces soltaba una carcajada cuando mi mente estaba a quilómetros y quilómetros de distancia.

Pero en realidad nada de esto tendría la mínima importancia si me hubieras dejado ser feliz. Si nos hubieras dejado estar juntos, tranquilos. Podía vivir con ello, sabiendo que todo tenía para mi un matiz diferente al del resto de personas. Podía vivir sabiendo que mil vacíos me acecharían de noche cuando estuviese sola y desprotegida, sin nadie que me abrazara o me deseara los buenos días. Podía vivir con el hecho de que lo único que realmente me calmaba era la rítmica, el escribir y el leer. Podía vivir con todo eso y más sin tener ningún tipo de pensamiento hacia la rendición, porque todo y que lo que tú me estabas proporcionando desde que era pequeña era una auténtica mierda, al menos nos teníamos los unos a los otros. Siempre he alardeado de familia, siempre me he sentido la persona más afortunada del mundo por la gente que me había criado,por la gente que me hacía reir , llorar, y crecer. Era feliz, todo y con el alcohol, con los taxis día sí y día no a las nueve y media de la noche, con los problemas enormes de dinero, con los secretos, con mis propios monstruos infantiles. Era feliz teniendo menos de la mitad que todos los niños de mi alrededor porque al llegar a casa había alguien que me hacía reír, alguien que me hacía la cena con todo el amor del mundo, alguien que me bajaba los pies al suelo cuando yo volaba demasiado alto.

Pero aún así, todo y darnos menos, nos has ido quitando aún más.

Por qué debería seguir aquí contigo? Atada y con un nudo permanente en la garganta que cada vez sé disimular menos? Por qué tengo que seguir sintiéndome débil porqué antes luchaba de manera innata, incluso ayudando a iluminar al resto? Me robas mi luz, mi único tesoro, día a día, sin piedad. Me haces sentir egoísta por no haberme enseñado a compartir, por no haberme ayudado a ser más abierta. Tú y las piedras que has decidido colocar en mi camino, habéis hecho que la gente se avergüence de mi.

Y tengo que seguir aquí, rendiéndote culto, como si fueses algo digno de admirar eternamente? Tengo que seguir aquí aguantando hasta que me arranques a alguien más de mi lado?

No.

dimarts, 2 d’agost del 2011

El color púrpura

- Como puede seguir latiendo, con lo que duele?

dissabte, 30 de juliol del 2011

444

Una luna enorme y preciosa iluminaba el valle. La hierba había crecido mucho los últimos meses, llegando al palmo y medio de alto, verde oscura; protectora.
En este valle, donde nadie puede ir sin mi consentimiento, es el único lugar donde puedo sentirme segura. Nadie puede acercarse demasiado, ni exigirme nada, ni prometerme o hacerme creer cosas que no me creeré.
Los árboles tapan la parte derecha de mi visión ahora que estoy tumbada en el suelo, intentando descubrir las pequeñas constelaciones que mi madre me enseñó un día. Pero nada, ni una sola venía a mi mente.
Estaba cansada, tan agotada mentalmente que había tenido que volver a ese lugar a desconectar unos días. Porqué eso era lo que más necesitaba, desconectar. Sentir como si nada de aquello estuviera pasando realmente, como si los gritos y los reproches no existiesen. Como si la muerte se hubiese cansado de deambular por mi casa como si fuese suya. Sentir que no quedaban más pasos, que no corrían más vidas peligro, que no volveríamos jamás a ese sitio perfumado de claveles.
Un suave remolino de viento llegó y con él se llevo parte de esas ideas. El problema está en ti, me dije.
Nadie te obligar a querer superarte, ni a tener que ser fuerte. Nadie sabe en qué piensas realmente, nadie puede juzgarte, porqué nadie sabe la historia completa. Así que solo eres tú quien se presiona.

Me quedé unos minutos con los ojos cerrados, intentado que mi respiración se acompasara con el viento. Me sentía sola, incapaz de adaptarme a nada. Tomé la decisión.

- Puedes venir, por favor?

No obtuve respuesta, lo cual no me sorprendió, conocía su orgullo. Tres segundos después oí su voz, indignada, lo cual me hizo sonreír.

- No soy orgullosa - dijo detrás de mi- Bueno, a quién pretendo engañar, soy la persona más orgullosa del mundo.

- Qué mundo? - dije yo volviendo a tumbarme, como si no me importase que hubiera venido a mi llamada.

- Eres una zorra. - dijo mientras se recogía el pelo negro en una coleta y se sentaba a mi lado.

Permanecimos las dos en silencio,ella sentada y yo tumbada, tratando de escuchar que decían las aves al pasar volando delante de la luna, cada una sumida en sus propios dilemas.

- Sigues enfadada conmigo? -le dije

- Por echarme de dentro de ti? O por no querer aceptar que me necesitas?

- Estoy segura que has notado como últimamente una gran dosis de ti ha vuelto a mi. -dije sonriéndole al cielo.

- Por supuesto, pero no me quieres entera de vuelta.

- No.

-Por qué?

- Porqué muchísimas veces me digo a mi misma que algún día recuperaré esa manera de ser, que volverán las cosas que antes nos unían, etc. Pero hay que ser honesto, hay veces que cuando dejas atrás ciertas cosas, por mucho que creas que algún día volverán, se han marchado para siempre.

-Me jode reconocerlo, pero tienes razón.

Las estrellas siguieron moviéndose, apenas perceptibles a nuestros ojos, brillando cada una en intensidades distintas, suaves y fuertes, amarillas y nacaradas.
La brisa hacía que las oscuras hojas que estaban encima nuestro se balanceasen.

- Como lo llevas? - me preguntó.

Me incorporé, sentándome a su lado. Si fumase, me hubiera encendido un cigarro a la luz de la luna.

- Mal. Todavía es demasiado intenso como para no volverme loca, y demasiado irreal como para que me pase el día llorando.

- Deberías irte a una habitación de hotel dos o tres días, emborracharte, y llorar toda la pena que llevas acumulada desde que tienes seis años.

- No te creas que no lo había pensado.

- Hablando de pensar, se puede saber qué coño se te está pasando por la cabeza últimamente?

- Nada. -me limité a decir.

- No puedes hacerlo, tu hermana se moriría detrás de ti.

- Créeme que lo sé, es lo único que me para. - le sonreí con tristeza. - Háblame de otra cosa, métete conmigo si quieres.

- Mmmm déjame pensar.

Me reí, como si realmente estuviese debatiéndose entre todas las opciones para torturarme.

- Qué canción suena en tu mente?

- Road Trippin -contesté - Y a ti?

- Moñas... A mi cowboys from hell.

- El otro día la escuché en un local.

- Lo sé, ví tu cara de ilusión. - dijo.

Empecé a romper la hierba, acumulándola en un gran montón. Ella sacó un mechero y le prendió fuego, quedándonos las dos con la vista fija en las pequeñas llamas que lamían y destruían las briznas.

- Puedo preguntarte algo? - me dijo.

- Uy, y esta benevolencia? - dije sorprendida. - Cuando quieres hacerlo lo haces, sin pelos en la lengua.

- No todos los días te veo tan jodida como para que me llames estando en tu refugio. Bueno, en unos de ellos.

- Dispara.

- Ya crees en el amor? - me dijo seca.

- Por qué me preguntas eso? - dije mirándomela.

- Porqué me sorprende, no sé. Ya sabes a lo que me refiero, te fías de todo lo que está pasando?

- No. - me reí.

- Es por todas las promesas? - me miraba muy atenta, como si estuviese tomando nota de todos mis gestos y reacciones.

- Sí, básicamente es eso. Es precioso, pero si a ellos se les rompió algo tan fuerte, por qué no debería hacerlo esto?

- Sabía que dirías eso, porqué yo pienso igual. El "he pensado mucho en ti" te debió matar,no? - soltó una carcajada.

- Quién es la zorra ahora? -dije riéndome sin ganas. - Pienso es ello bastante, supongo que es lo que me frena a veces.

- A veces?

- Cállate, en su día hizo el efecto, y ahora ya está aceptado. Ya está, no me sorprende.

- Que bien suena eso .- dijo burlona - No quieres volver a casa?

- Yo ya no tengo casa, deberías saberlo.

- Qué ha pasado? Bueno, ya lo he visto, solo que no lo entiendo.

- Yo tampoco.

De pronto me sentí incómoda, no quería estar ahí sentada con ella, quería irme sin avisar a nadie ni saber cuando volvería.

- Respecto a lo que estás pensado...te recuerdo que tienes a una anciana dispuesta a convertirte en águila cuando necesites. Solo tienes que hacer la señal y aparecerá. El muchacho lleva mucho volando.

- Lo sé. - le sonreí. - Gracias.

- Te lo pido por favor, no te me pongas cariñosa, es algo que odio de ti.

- De nosotras. -corregí.

- Venga vámonos, odio la humedad de este valle, no sé porqué lo escogiste.

- Sí lo sabes. - la miré mientras nos levantábamos. - Tú estabas aquí.

- Ah si? - me miró tratando de recordar. De pronto se le iluminó la cara -  Es este valle?

- El sueño de una noche de verano pequeña.