dissabte, 30 de juliol del 2011

444

Una luna enorme y preciosa iluminaba el valle. La hierba había crecido mucho los últimos meses, llegando al palmo y medio de alto, verde oscura; protectora.
En este valle, donde nadie puede ir sin mi consentimiento, es el único lugar donde puedo sentirme segura. Nadie puede acercarse demasiado, ni exigirme nada, ni prometerme o hacerme creer cosas que no me creeré.
Los árboles tapan la parte derecha de mi visión ahora que estoy tumbada en el suelo, intentando descubrir las pequeñas constelaciones que mi madre me enseñó un día. Pero nada, ni una sola venía a mi mente.
Estaba cansada, tan agotada mentalmente que había tenido que volver a ese lugar a desconectar unos días. Porqué eso era lo que más necesitaba, desconectar. Sentir como si nada de aquello estuviera pasando realmente, como si los gritos y los reproches no existiesen. Como si la muerte se hubiese cansado de deambular por mi casa como si fuese suya. Sentir que no quedaban más pasos, que no corrían más vidas peligro, que no volveríamos jamás a ese sitio perfumado de claveles.
Un suave remolino de viento llegó y con él se llevo parte de esas ideas. El problema está en ti, me dije.
Nadie te obligar a querer superarte, ni a tener que ser fuerte. Nadie sabe en qué piensas realmente, nadie puede juzgarte, porqué nadie sabe la historia completa. Así que solo eres tú quien se presiona.

Me quedé unos minutos con los ojos cerrados, intentado que mi respiración se acompasara con el viento. Me sentía sola, incapaz de adaptarme a nada. Tomé la decisión.

- Puedes venir, por favor?

No obtuve respuesta, lo cual no me sorprendió, conocía su orgullo. Tres segundos después oí su voz, indignada, lo cual me hizo sonreír.

- No soy orgullosa - dijo detrás de mi- Bueno, a quién pretendo engañar, soy la persona más orgullosa del mundo.

- Qué mundo? - dije yo volviendo a tumbarme, como si no me importase que hubiera venido a mi llamada.

- Eres una zorra. - dijo mientras se recogía el pelo negro en una coleta y se sentaba a mi lado.

Permanecimos las dos en silencio,ella sentada y yo tumbada, tratando de escuchar que decían las aves al pasar volando delante de la luna, cada una sumida en sus propios dilemas.

- Sigues enfadada conmigo? -le dije

- Por echarme de dentro de ti? O por no querer aceptar que me necesitas?

- Estoy segura que has notado como últimamente una gran dosis de ti ha vuelto a mi. -dije sonriéndole al cielo.

- Por supuesto, pero no me quieres entera de vuelta.

- No.

-Por qué?

- Porqué muchísimas veces me digo a mi misma que algún día recuperaré esa manera de ser, que volverán las cosas que antes nos unían, etc. Pero hay que ser honesto, hay veces que cuando dejas atrás ciertas cosas, por mucho que creas que algún día volverán, se han marchado para siempre.

-Me jode reconocerlo, pero tienes razón.

Las estrellas siguieron moviéndose, apenas perceptibles a nuestros ojos, brillando cada una en intensidades distintas, suaves y fuertes, amarillas y nacaradas.
La brisa hacía que las oscuras hojas que estaban encima nuestro se balanceasen.

- Como lo llevas? - me preguntó.

Me incorporé, sentándome a su lado. Si fumase, me hubiera encendido un cigarro a la luz de la luna.

- Mal. Todavía es demasiado intenso como para no volverme loca, y demasiado irreal como para que me pase el día llorando.

- Deberías irte a una habitación de hotel dos o tres días, emborracharte, y llorar toda la pena que llevas acumulada desde que tienes seis años.

- No te creas que no lo había pensado.

- Hablando de pensar, se puede saber qué coño se te está pasando por la cabeza últimamente?

- Nada. -me limité a decir.

- No puedes hacerlo, tu hermana se moriría detrás de ti.

- Créeme que lo sé, es lo único que me para. - le sonreí con tristeza. - Háblame de otra cosa, métete conmigo si quieres.

- Mmmm déjame pensar.

Me reí, como si realmente estuviese debatiéndose entre todas las opciones para torturarme.

- Qué canción suena en tu mente?

- Road Trippin -contesté - Y a ti?

- Moñas... A mi cowboys from hell.

- El otro día la escuché en un local.

- Lo sé, ví tu cara de ilusión. - dijo.

Empecé a romper la hierba, acumulándola en un gran montón. Ella sacó un mechero y le prendió fuego, quedándonos las dos con la vista fija en las pequeñas llamas que lamían y destruían las briznas.

- Puedo preguntarte algo? - me dijo.

- Uy, y esta benevolencia? - dije sorprendida. - Cuando quieres hacerlo lo haces, sin pelos en la lengua.

- No todos los días te veo tan jodida como para que me llames estando en tu refugio. Bueno, en unos de ellos.

- Dispara.

- Ya crees en el amor? - me dijo seca.

- Por qué me preguntas eso? - dije mirándomela.

- Porqué me sorprende, no sé. Ya sabes a lo que me refiero, te fías de todo lo que está pasando?

- No. - me reí.

- Es por todas las promesas? - me miraba muy atenta, como si estuviese tomando nota de todos mis gestos y reacciones.

- Sí, básicamente es eso. Es precioso, pero si a ellos se les rompió algo tan fuerte, por qué no debería hacerlo esto?

- Sabía que dirías eso, porqué yo pienso igual. El "he pensado mucho en ti" te debió matar,no? - soltó una carcajada.

- Quién es la zorra ahora? -dije riéndome sin ganas. - Pienso es ello bastante, supongo que es lo que me frena a veces.

- A veces?

- Cállate, en su día hizo el efecto, y ahora ya está aceptado. Ya está, no me sorprende.

- Que bien suena eso .- dijo burlona - No quieres volver a casa?

- Yo ya no tengo casa, deberías saberlo.

- Qué ha pasado? Bueno, ya lo he visto, solo que no lo entiendo.

- Yo tampoco.

De pronto me sentí incómoda, no quería estar ahí sentada con ella, quería irme sin avisar a nadie ni saber cuando volvería.

- Respecto a lo que estás pensado...te recuerdo que tienes a una anciana dispuesta a convertirte en águila cuando necesites. Solo tienes que hacer la señal y aparecerá. El muchacho lleva mucho volando.

- Lo sé. - le sonreí. - Gracias.

- Te lo pido por favor, no te me pongas cariñosa, es algo que odio de ti.

- De nosotras. -corregí.

- Venga vámonos, odio la humedad de este valle, no sé porqué lo escogiste.

- Sí lo sabes. - la miré mientras nos levantábamos. - Tú estabas aquí.

- Ah si? - me miró tratando de recordar. De pronto se le iluminó la cara -  Es este valle?

- El sueño de una noche de verano pequeña.

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