dimecres, 27 d’abril del 2011

Life in technicolor ¡¡

Podría romperle la nariz. De verdad, hay veces en que, sin dudarlo, podría pegarle fuerte. Me saca de quicio, sabe mirarme y decir la palabra concreta que me da las ganas de tirarme encima de él.
Pero siempre le da la vuelta. No deja que le odie más de unos minutos.
Siempre sabe qué hacer para que pocos segundos después de haberme picado yo no pueda evitar mirarle sin sonreír.
Él y su frustrante misterio se han acabo colando dentro de mi, a unos niveles insospechados. Él ha entrado y ha abierto las ventanas, aireando el oscuro interior, haciendo que yo me sienta mucho mejor. Quitando parte de la presión en mi pecho.
Es como si durante años hubiera estado dormida y ahora él, no sin dificultad, hubiese conseguido despertarme para guiarme por nuevos caminos. Caminos que consideraba destinados a todo el mundo menos a mi.
Me acompaña por esas sendas desconocidas y me da de la mano para que confíe y deje de tener miedo, y aunque yo casi siempre vaya a arrastras porque el pánico a parpadear y que él desaparezca me impide disfrutar de muchas cosas, él sigue ahí, agarrándome bien fuerte para que el miedo no haga que yo me suelte.
Y gracias a eso, gracias a su insistencia en quererme como nadie lo ha hecho, estoy descubriendo un nuevo mundo que me sorprende a cada paso que doy.


Gracias por entenderme, tanto en la luz como en la oscuridad.

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