This is how the story went
I met someone by accident
who blew me away
blew me away
And It was in the darkest of my days
When you took my sorrow and you took my pain
And buried them away, you buried them away
I wish I could lay down beside you
When the day is done
And wake up to your face against the morning sun
But like everything I've ever known
you'll disappear one day
So I'll spend my whole life hiding my heart away
So I'll spend my whole life hiding my heart away
dilluns, 31 d’octubre del 2011
dijous, 15 de setembre del 2011
MCP
" Entre els cops que has patit i les reaccions que has tingut, em passo els teus 21 anys por el forro de los cojones"
dilluns, 12 de setembre del 2011
Rutina
Sigo sin conseguir que la insistente sensación de salir corriendo se disuelva. Que la repentina presión por desaparecer de aquí deje de venir a mi como las sorprendentes tormentas de verano. Los rayos cargados de imágenes y los truenos repletos de dolor e incomprensión fluyen a través de un agua que ya ni tan solo me parece fría. Mi cuerpo se acostumbra, y eso es lo que más pánico me da.
No quiero acostumbrarme a nada. A absolutamente nada. Ni al dolor, ni a la pena, ni a los besos, ni a las palabras bonitas. Que nada me parezca algo rutinario, ni lo bueno ni lo malo.
El sentimiento de que la vida se me escurre entre las manos se combina a la perfección con el sentir que ya no vale la pena hacer que la vida merezca un poco más la pena.
Así que otra vez queda el refugiarse en la esperanza de volar de vez en cuando, de solamente ser consciente de las cosas buenas y desechar directamente las malas. De intentar que los bajones no sean algo regular y que ni tan solo luchar contra ellos porque yo soy así. No. Tengo que empezar a vivir intentando esquivar el miedo constante a que alguien de mi alrededor muera,enferme o se tire desde un quinto.
Aunque bueno, me conformo con intentar vivir con un poco de esperanza. Eso sí, de esperanza atemorizada irremediablemente.
No quiero acostumbrarme a nada. A absolutamente nada. Ni al dolor, ni a la pena, ni a los besos, ni a las palabras bonitas. Que nada me parezca algo rutinario, ni lo bueno ni lo malo.
El sentimiento de que la vida se me escurre entre las manos se combina a la perfección con el sentir que ya no vale la pena hacer que la vida merezca un poco más la pena.
Así que otra vez queda el refugiarse en la esperanza de volar de vez en cuando, de solamente ser consciente de las cosas buenas y desechar directamente las malas. De intentar que los bajones no sean algo regular y que ni tan solo luchar contra ellos porque yo soy así. No. Tengo que empezar a vivir intentando esquivar el miedo constante a que alguien de mi alrededor muera,enferme o se tire desde un quinto.
Aunque bueno, me conformo con intentar vivir con un poco de esperanza. Eso sí, de esperanza atemorizada irremediablemente.
dijous, 8 de setembre del 2011
Los Fantasmas Del Invierno
Con cada uno de los veranos que en todo su verdor daban paso al cobre y al oro de un nuevo otoño, me fui sintiendo más incapacitado de aceptar la muerte de mi hermano. Con cada día que pasaba era más reacio a encajar que George ya no estaba con nosotros. Y aunque pasé por todas las emociones al uso - la incredulidad, la negativa, la ira, la pesadumbre -, la pena me seguía teniendo preso en sus garras.
Llegué a despreciar al desdichado, desvalido individuo en que me había convertido, pero seguía siendo a todas luces incapaz de hacer nada por remediarlo.
Este libro habla de mi, o qué?
Llegué a despreciar al desdichado, desvalido individuo en que me había convertido, pero seguía siendo a todas luces incapaz de hacer nada por remediarlo.
Este libro habla de mi, o qué?
dijous, 1 de setembre del 2011
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A veces, solo necesitas una palabra para darte cuenta de todo el rencor que tienes acumulado dentro y que eres incapaz de purificar.
dimecres, 17 d’agost del 2011
Perdóname
He oído que estás casada, que has encontrado la felicidad verdadera. He oído que por fin te has decidido a hacer paracaidismo y que te ha gustado tanto, que has decidido sacarte el título. También he oído que has pintado la casa de diferentes tonalidades de amarillo, como siempre habías querido. Me alegro que el color de los enamorados te acompañe cada vez que llegas a tu hogar. Que cada vez que mires esas cálidas paredes, todo el amor que yo no supe darte venga y se mezcle dentro de tu aún más cálido corazón.
He oído que el día de tu boda no existía princesa más elegante y delicada que tú.
Perdóname, por favor, por todas las veces que no supe decirte lo que me ocurría, pero perdóname más por no saber apartarme de ti antes de herirte tan profundamente como lo hice.
Perdóname por no darte besos de buenos días aún sabiendo que eran tus preferidos, y perdóname por cada sonrisa que conseguí robarte; ahora me doy cuenta de que no debieron pertenecerme.
Pero todo y las malas caras, todo y las noches en vela, en silencio, sin absolutamente nada que decirnos, todo y eso, tuvimos nuestros días de gloria. Tuvimos largos paseos con nuestras manos unidas dentro de mi abrigo, tu sin poder dejar de parlotear y yo sin poder evitar mirarte y absorver toda tu belleza. Recuerdas la pelea de bolas de nieve? Lo recuerdo como uno de los días más felices de mi vida. Tenías el pelo cubierto de motas de nieve que se caían y derretían en tu bufanda roja.
Perdóname por no haber querido soltarme. Nunca fui espontáneo o divertido, nunca fui de los que te roban un beso cuando menos lo esperas para poder notar tu sonrisa. Nunca me solté por miedo a ser como los demás, por miedo a ser un pretendiente más. Sé que te perdí por no ser yo mismo.
Perdóname por no haberte acariciado ni abrazado todas las veces que merecías, por no haberte hecho sentir tan especial como realmente eres.
Perdóname por haber visto que tenía un ángel entre mis manos y preferir que saliese volando.
He oído que tu nuevo marido es fantástico, que tiene un todoterreno como los que siempre me señalabas y que te lleva a la montaña cada fin de semana. He oído que te saca a bailar y que cada Navidad te lleva de viaje para empezar el año en una ciudad distinta.
También he oído que de casi cada viaje volvías con un brazo o una costilla rota. He oído que durante meses tus gritos se oían a dos manzanas a la redonda y que nunca aceptaste ayuda.
He oído que nadie de tu familia se enteró porqué tú jamás les hubieses preocupado por algo referente a ti. He oído que no lo supo nadie hasta que decidiste colgar esa cuerda del techo mientras tu marido viajaba. He oído que te encontró la vecina dos días después, preocupada porqué no te veía salir de casa.
He oído que preferiste callar y sufrir antes que hacerte oír.
He oído que el día de tu boda no existía princesa más elegante y delicada que tú.
Perdóname, por favor, por todas las veces que no supe decirte lo que me ocurría, pero perdóname más por no saber apartarme de ti antes de herirte tan profundamente como lo hice.
Perdóname por no darte besos de buenos días aún sabiendo que eran tus preferidos, y perdóname por cada sonrisa que conseguí robarte; ahora me doy cuenta de que no debieron pertenecerme.
Pero todo y las malas caras, todo y las noches en vela, en silencio, sin absolutamente nada que decirnos, todo y eso, tuvimos nuestros días de gloria. Tuvimos largos paseos con nuestras manos unidas dentro de mi abrigo, tu sin poder dejar de parlotear y yo sin poder evitar mirarte y absorver toda tu belleza. Recuerdas la pelea de bolas de nieve? Lo recuerdo como uno de los días más felices de mi vida. Tenías el pelo cubierto de motas de nieve que se caían y derretían en tu bufanda roja.
Perdóname por no haber querido soltarme. Nunca fui espontáneo o divertido, nunca fui de los que te roban un beso cuando menos lo esperas para poder notar tu sonrisa. Nunca me solté por miedo a ser como los demás, por miedo a ser un pretendiente más. Sé que te perdí por no ser yo mismo.
Perdóname por no haberte acariciado ni abrazado todas las veces que merecías, por no haberte hecho sentir tan especial como realmente eres.
Perdóname por haber visto que tenía un ángel entre mis manos y preferir que saliese volando.
He oído que tu nuevo marido es fantástico, que tiene un todoterreno como los que siempre me señalabas y que te lleva a la montaña cada fin de semana. He oído que te saca a bailar y que cada Navidad te lleva de viaje para empezar el año en una ciudad distinta.
También he oído que de casi cada viaje volvías con un brazo o una costilla rota. He oído que durante meses tus gritos se oían a dos manzanas a la redonda y que nunca aceptaste ayuda.
He oído que nadie de tu familia se enteró porqué tú jamás les hubieses preocupado por algo referente a ti. He oído que no lo supo nadie hasta que decidiste colgar esa cuerda del techo mientras tu marido viajaba. He oído que te encontró la vecina dos días después, preocupada porqué no te veía salir de casa.
He oído que preferiste callar y sufrir antes que hacerte oír.
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