Puede
que todo fuese un sueño, pero Matt estaba seguro de que, a lo lejos,
a través del cristal, alguien estaba susurrando su nombre. Su madre
dormía con él por si tenía pesadillas desde que su padre decidió ir a matar a los alemanes. Pero Matt sabía y había visto
como quien tenía pesadillas era ella. Sin hacer ruido, metió sus diminutos pies en
sus diminutas zapatillas de terciopelo gris y se acercó de puntillas a la oscura
ventana. Fuera nevaba y eso le animó, siempre había adorado jugar a
cazar estrellas de hielo. Aunque ahora eso no tenía importancia, así
que se encaminó hacia el corredor con valentía. Mina, su nana,
dormía roncando escandalosamente con un pie fuera de la cama. A Matt
siempre le hacía gracia esa imagen, como si Mina necesitase tocar
con un pie en el suelo para no perderse para siempre entre sus
sueños. Antes de llegar al portón principal volvió a escuchar como
la voz le llamaba, pero esta vez se asustó. Y si se trataba de ese
señor que su madre siempre le decía? El que siempre se llevaba a
los niños para venderlos a otros hombres malos.
Pero
no, no podía ser. La voz era amable, y además, ni siquiera los
señores malos salen a la calle con ese frío.
Caminó
abrazándose las costillas, tiritando irremediablemente. Buscaba la
voz, esa voz que le llamaba dulcemente, sacandole de la cama.
-
Matt? Matt cariño
Se
giró alarmado. Matt tenía siete años y se consideraba el niño más
valiente de la clase, pero había que reconocer que esa situación
asustaría a cualquiera, incluso a Joe, el chico más fuerte del
curso.
-Quién
es? -dijo con voz aguda.
-Ven,
estoy aquí.
Matt
se encaminó hacia donde procedía la voz, intentando ser tan
valiente como le prometía a su madre que era cada noche.
Una
figura alta y morena estaba de rodillas, de manera que quedaban cara
a cara.
-Papá?
- chilló
-Shhhht...mamá
no debe oirnos. Esto será nuestro secreto, está bien?
-Claro
– sonrió- Cuantos malos has matado? Mamá dice que estás salvando
el mundo.
-Eso
no importa ahora campeón. Dime una cosa, tu madre está bien?
-Bueno...llora
por las noches, ella se piensa que duermo, pero no, puedo oirla. Creo que te echa
mucho de menos.
-Y
yo a ella campeón – se quedó serio, aunque enseguida volvió a
colocar su clásica sonrisa.- Tienes que irte ya a dormir, nos
veremos muy pronto, de acuerdo?
-Sí,
muy pronto. Prométemelo
-Prometido
cariño. Va corre.
Matt
se metió en la cama con el corazón desbocado. Cerró los ojos con
fuerza e intentó volver a dormirse, tarea inútil.
No
fue posible hasta que no sé dio cuenta que su pie estaba congelado,
ya que llevaba horas fuera de la colcha,intentando tocar el suelo.