Se encontraba sentada en su playa, sola. Las nubes perladas cubrían un cielo que se tornaba del ocre al violeta, dejando entre ver los finos rayos del sol de invierno que daba la bienvenida a un nuevo día.
Contemplaba como los pájaros sobre volaban las olas, planeando a escasos centímetros del agua, rozándola con las patas al frenar en busca de peces.
No había nada ni nadie más en esa playa excepto ella y la arena clara.
Una increíble sensación de paz inundó a la chica cuando el viento llegó hasta ella, arremolinandole el pelo y obligándola a meter las manos dentro de la sudadera para protegerse del frío. Qué paz y qué sensación de tranquilidad se respiraba con esa brisa!
Se tumbó, mirando directamente al cielo que se volvía rosa,poniendo el brazo debajo de su cabeza, absorbiendo toda la energía que ese lugar, el que sabía que era su lugar, le daba. Cualquier cosa le parecía una estupidez en ese sitio,todo se volvía vanal y escurridizo.
Y de pronto, con un gran estruendo, escuchó un fuerte chapoteo en el agua, como si hubieran tirado cien piedras al mar. La chica see incorporó confusa, sabiendo que ese sitio no lo podía conocer nadie, que nadie sabia llegar ahí sin preguntárselo a ella. Y ahí apareció, en medio del océano, sonriente como siempre. Soltó una de sus carcajadas de oso al ver su cara y se puso a nadar, como si fuese lo más natural del mundo, hasta la orilla. El pelo largo le caía sobre los hombros, deshaciendo los rizos negros que tanto le habian costado. La chica entendió sin problema qué hacía él ahí. Se levantó y caminó hacia él, que la esperaba con una sonrisa traviesa.
- Has vingut per com em sento aquestes setmanes,oi?
Pero él no contestó, ella ya sabía la respuesta. Entonces la abrazó, la abrazó con la ternura con la que la abrazaba cuando ella era pequeña y él, sorprendido, se daba cuenta de lo espabilada que se había tenido que volver. Y la chica, aliviada, se volvió a tumbar, esta vez en la arena mojada, sin estar sola.
Entonces es cuando la chica que existe de verdad abre los ojos en medio de la oscuridad y, llena de horror, se da cuenta que vuelve a estar sola en ese pozo negro de cinco metros de profundidad.
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