Abrió los ojos de repente, tapándose con la sábana hasta la nariz, pensando que era de titanio y que nada podría traspasarla.
- Estás despierta, lo sé. - volvió a susurrar la voz - Tú jamás duermes de verdad.
La chica se incorporó en la cama, buscando de donde provenía la voz.
- Quién eres? - dijo muy bajito.
- Cómo que quién soy?
Justo cuando supo de quien era la voz, la chica morena salió de la penumbra de la habitación. La luz de la ventana y la pintura verde de la habitación le daban un toque tétrico, como si su piel fuese aún más pálida; brillando.
- Vaya, tú por aquí. - suspiró la chica rubia.
- No finjas que no te alegras de verme, hace días que siento como me reclamas.
- Yo no te reclamo, eres alguien que intento olvidar.
- Pretendes olvidarte a ti misma? - rió descaradamente.
La chica rubia se levantó de la cama y, sin poder evitarlo, se abrazó a la chica morena como si la vida le fuera en ello.
- Te echo mucho de menos. Mucho.
- No me creo lo que oigo. Tu nueva personalidad me echa de menos a mi?
- No es una nueva personalidad. Es una evolución, mi evolución. Y tú no te adaptaste conmigo al cambio.
- Qué cambio? - la miró con desprecio. - No le uses como excusa.
- En el mismo segundo en el que él se marchó, dejé de ser yo misma. De una forma u otra yo también me fui.
La chica morena cogió aire, como si se aguantara las ganas de pegarle un puñetazo a la otra chica, que ahora se había separado y se apoyaba en la pared, mirando al suelo.
- Y crees que a mi no me dolió? Que yo no me partí por la mitad en aquella habitación azul?
- No sabes si era azul. - le corrigió la chica rubia con dulzura.
- Cállate. - apretó la mandíbula - Aguantaste por mi. Me lo debes, me debes la fuerza que sacaste por no romper a llorar, por no vomitar de la angustia que que sentiste al verle. Me debes todas las lágrimas que te guardaste hasta el amanecer.
- Todo fue por ti, no? - casi gritó la otra chica. - Yo jamás he sacado fuerza por mi misma, verdad? Siempre te he necesitado a ti, dura y sarcástica. Nunca he sido yo la que he superado las dificultades, verdad? Todo era gracias a ti.
La chica morena rió tanto que incluso tiró la cabeza hacia atrás.
- Creo que es obvio que sí.
- Por qué?
- Porque mira como estás ahora sin mi.
Las dos se miraron en la oscuridad, ambas dolidas.
- Eso ha sido un golpe muy bajo y lo sabes.
- Pero si mírate, no haces más que arrastrarte. Te arrastras al trabajo, te arrastras al cine, te arrastras al sofá, a la cama, a la ducha. A todas partes.
- Para.
- No tengo razón , a caso? Es muy bonito todo ese rollo de "no me salen las lágrimas", te hace de tipa dura y blablabla. Pero dime, lo llevas tan divinamente por dentro, a que si?
- Hago lo que puedo.
- Pues no es suficiente!! - le gritó. - No es suficiente si por callarte y ahorrarte todo lo que piensas acabas llena de inseguridades, de debilidad y dudas. Eres una pregunta andante, y das pena.
- Claro, por qué contigo todo era mucho mejor, no? El rencor y la frialdad, las ansias de estar sola a todas horas. No sabes el daño que le hacíamos a los que nos querían. Apartamos a mucha gente de nuestro lado a empujones.
- Pero eras más fuerte, no? Ni ansiedad ni mierdas. Eras muy dura, sí, pero tenías tal coraza que eras capaz de soportar el dolor cien mil veces mejor.
- Y todo lo que me perdía? Tú no sabes lo que estoy viviendo ahora.
- Claro que lo sé, escondida en lo más profundo de ti o no, sigo estando dentro de ti. Y hasta que no aceptes que somos la misma persona, que podemos convivir juntas como hacíamos antes, yo no pienso volver. Tienes que intentar conocerte, saber cuando te engañas a ti misma.
- Lo intento, de verdad.
- No, sigues llevando la máscara. Tu máscara, no la mía. Y hasta que no se caiga no serás feliz.
Y así, sin siquiera mirarle a la cara, la chica morena se difuminó en la penumbra soltando una ligera brisa con un familiar aroma que dejó totalmente congelada a la chica rubia.
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