Y a veces, cuando estoy allí tumbada, algo se desprende de mi pecho. Es como un suave suspiro con alas que sale volando por la ventana. Le veo irse, blanco y pequeño, molesto por haber perdido ese sitio oscuro que tanto le gustaba. Y poco a poco, en su lugar, va quedando ese espacio, cada vez más limpio, cada vez más desinfectado de mi misma.
La chica morena te odia, que lo sé yo.
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